Muchas veces nos preguntamos cómo envejecerá un buen par de zapatos con los años, a los que demos un intensivo uso. Hoy es una buena manera de comprobarlo, y creo que también de ver lo importantes que son los cuidados a la hora de tratar a un zapato.
Cuando los compré, no era tan experto a la hora de cuidarlos, y creo que el zapato lo sufre en algunos detalles, pero se nota su calidad. Y, por otra parte, no hay nada más bonito que un zapato vivido y envejecido por su dueño, sin importar sus pequeños defectos, siempre y cuando estén en un buen estado de forma.
Estos Alden son de piel de ternero. El color de la piel ha cambiado durante los años y ahora es más brillante, más pulida. El punto donde dobla el pie ha quedado excesivamente marcado. Aunque la foto lo exagera, es bastante evidente. No es necesariamente malo, pero el haber puesto SIEMPRE una horma tras su uso, las hubiese suvizado muchísimo. Da igual que sea una horma de plástico que una buena de madera. La de plástico hace aproximadamente el 85% de la misma función que la de madera por lo que, lo importante, es no guardarlo nunca sin horma.
En esta vista lateral se ve lo bonita que ha quedado la piel, aunque también algunas zonas un poco cuarteadas. Se nota que estos zapatos fueron tratados sólo con betún los primeros años, y nunca con crema. Lo perfecto es alternar un poco, porque el betún no deja respirar demasiado al zapato, y la crema le dota de algo más de elasticidad. También se hubiese notado el haber tratado la piel de vez en cuando con algún acondicionador. Sin embargo, también tiene su encanto. El zapato se arruga y envejece, de alguna manera tal y como lo hace su dueño.
En la zona de los cordones se ve lo bonita que es la piel algo envejecida, dotando de carácter al zapato.
La suela ha aguantado realmente bien, ya que nunca ha sido cambiada, tan sólo la puntera, y es que yo tengo una tendencia natural a desgastar esa parte. En cualquier caso, el piso del zapato está en un estado excepcional.
Lo mismo con los interiores. A pesar de haberse borrado los logos interiores, el forro aguanta como el primer día. Es espectacular, y son cosas que uno sólo puede apreciar pasados muchos años.
Las costuras de la parte trasera también están impolutas.
Viendo el zapato puesto, se puede apreciar claramente, como ya hemos hablado en otras ocasiones, la diferencia entre el zapato inglés y el americano. Si revisáis el análisis que hicimos de los Crockett & Jones Belgrave negros, que son del mismo estilo de éstos, veréis que no tienen nada que ver puestos. El inglés es más estilizado, alargado y elegante, y el americano es más chato y redondeado, pero mucho más cómodo, sentando como un guante.
Aquí tenéis distintas vistas del zapato donde tiene que estar.
Un zapato con carácter, que me ha acompañado en momentos importantes de mi vida, y espero que siga haciéndolo durante muchos más.